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Es el momento de impulsar la Economía Circular, pero ¿cómo?

Todos sabemos que el coronavirus nos ha dejado consecuencias sociales y económicas desastrosas, revelando así lo expuesto que ha estado - y sigue estando - nuestro sistema económico y de vida ante una variedad de riesgos ecológicos. Este sistema, denominado economía lineal, en el que todo lo producido tiene un final y acaba saliendo del ciclo productivo, ha demostrado que lo que es bueno para la economía, no lo es para nuestra sociedad y medio ambiente. Ahora sí, si hay algo bueno que nos ha dejado la pandemia, es la oportunidad de impulsar una transición hacia un sistema inclusivo y resiliente para nuestro planeta, sociedad y economía, especialmente para aquellas regiones más afectadas como Latinoamérica, donde ha llegado la hora de acabar de impulsar el sistema económico circular.   

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Primero de todo, es importante desmentir la falacia que dice que crecimiento económico y respeto al medio ambiente no son compatibles. La economía circular -un sistema que implica compartir, reutilizar, alquilar, reciclar, reparar y así aumentar el ciclo de vida de los materiales y productos ya existentes - tiene el potencial de reducir el 45% de las emisiones de CO2 a nivel global, generar 4.5 billones de dólares, y crear hasta 6 millones de nuevos empleos hasta 2030. Es más, mirando el ejemplo europeo, se ha demostrado claramente que las políticas verdes no limitan la competitividad de una economía. Por lo contrario, en los últimos 30 años el PIB europeo ha aumentado en un 61%, mientras que sus emisiones de CO2 han bajado un 26%.

En el caso de Latinoamérica, siendo la región más afectada por la pandemia tanto a nivel económico como social - echo que ha exacerbado los serios problemas de inversión y baja productividad ya persistentes en la región - tiene ahora una oportunidad única para fomentar una recuperación rápida y perdurable, y crear una economía inclusiva, eficiente y respetuosa con el medio ambiente, además de hacer frente al alto grado de informalidad de la región.

Está claro que las ventajas de la economía circular son muchas, además de ser el único sistema inclusivo y resiliente con nuestro entorno. Es más, mirando el repunte de los niveles de contaminación de los países en recuperación, ha quedado demostrado que la economía lineal no ofrece una solución duradera para la recuperación. 

Latinoamérica ha hecho cierto progreso hacia este modelo, contando con ya más de 80 iniciativas públicas circulares. Eso sí, queda mucho por hacer, y para impulsar este modelo circular en la región, como en cualquier otra, se requerirá flexibilidad y, sobre todo, cooperación.  

Flexibilidad, porque cada economía es diferente

No basta con aplicar las mismas políticas económicas y sociales de forma homogénea siguiendo, por ejemplo, el modelo europeo. Al contrario, hace falta entender las cadenas de valor de cada economía y de aquí implementar las políticas adecuadas. Latinoamérica, una región dependiente de la extracción de recursos, no puede abandonar un sector tan importante como es el minero, pero si puede adaptarlo. Por ejemplo: la transformación digital que acompaña al modelo circular requiere metales preciados como son el litio o el cobre, que tienen un consumo mucho mayor en comparación con la cantidad que se puede reciclar, haciendo el sector minero indispensable para esta transformación. Por ende, no resultaría eficiente eliminar este sector pasando directamente a las energías renovables, pero sí se puede adaptar reduciendo las emisiones provenientes da la extracción de estos recursos, mediante la automatización de las actividades o el uso de motores hidráulicos -que puede ser impulsado y financiado por parte del gobierno central.

También debería resultar obvio que el nuevo modelo circular e inclusivo no debería dejar a nadie atrás. Con los actuales estándares socioeconómicos de Latinoamérica, se necesita un enfoque todavía mayor en inclusión y mejora de las condiciones de vida. Por eso hacen falta políticas adaptadas de compensación para los sectores y grupos más vulnerables, que acompañen las diferentes medidas circulares implementadas, junto con sus posibles consecuencias, dependiendo de la región o país. Estas podrían financiarse con la gran cantidad de dinero proveniente del potencial valor añadido generado de las actividades circulares - en el caso de Europa, des de la implementación del protocolo de Kyoto hasta 2016, este dinero equivale a casi 147 mil millones de euros.

Hace falta cooperación

La economía circular implica nuevas formas de diseño, producción y consumo, involucrando a todas los agentes de nuestra sociedad de todos los sectores, haciéndonos a todos responsables de una transformación circular y eficaz. No basta con que unas cuantas empresas rediseñen su cadena de valor o decoren su plan de responsabilidad social, sino que, las empresas deberían entender que la economía circular no es otro impuesto ambiental que limita su competitividad, sino que el valor añadido que las actividades circulares pueden aportar, mediante la utilización eficaz de los recursos, trae enormes beneficios no solo a nivel social, sino que también económico. Es más, esto se convierte incluso en una cuestión de supervivencia. Volviendo al ejemplo del sector minero, si estas empresas continúan operando como lo han hecho hasta ahora, corren el gran riesgo de quedarse atrás de grandes compañías innovadoras que luchan contra el impacto ambiental adaptando nuevas tecnologías, diversificando su producción, incrementado su eficiencia y cumpliendo con una norma cada vez más exigente en los mercados de destino.

Economia Circular y Politicas Públicas - Academia y Empresas

Dicho esto, el sector privado no puede afrontar esta transformación circular sin el apoyo de otros agentes. El gobierno juega un importante rol en fomentar la innovación verde. La mayoría de los países interesados en adoptar tecnologías circulares avanzadas invierten alrededor de un 2% del PIB en I+D. En Latinoamérica, se invierte poco más del 0.66%. Incrementar este porcentaje podría llevar a un importante aumento de innovaciones que acompañan la economía circular y a la vez hacer la economía de la región más competitiva. Además, también resulta crucial que el gobierno apoye fuertemente a las pymes y startups que tengan un compromiso social y ambiental y que están viendo que la circularidad sea un buen negocio. Son justamente estas empresas quienes tienen una mayor facilidad de crear y diseñar un modelo circular eficiente, ya que las grandes empresas mayoritariamente se construyeron en base a un sistema lineal. No nos olvidemos tampoco de la sociedad civil, quienes juegan un importante rol en marcar las tendencias circulares, demandando productos resilientes y creando iniciativas verdes.

Finalmente, quisiera remarcar que, como ya se ha mencionado, existen ya muchas iniciativas de parte del sector público, privado, financiero, como de la sociedad civil, que tienen como fin impulsar la transformación circular. El problema es que la mayoría opera de forma independiente o cuasi independiente.

Lo que falta ahora no sólo es financiamiento para la economía circular (algo que quedó claro en el Congreso de Mercados para Economías Circulares), sino más bien una cooperación efectiva que permita conectar todos estos puntos y agentes, reducir la asimetría de información entre ellos, y así crear una matriz circular más fuerte, productiva, resiliente y eficiente, que involucre a todos los agentes de la sociedad, y que tenga como fin impulsar la economía circular para el bien de todos y el planeta, agilizando así la recuperación latinoamericana de la pandemia.

 

Gonzalo Ibarra SOBRE EL AUTOR

Simon Vullinghs es estudiante de Economía con especialización en Mercados Emergentes de la Universidad de Maastricht (Holanda). Desde febrero 2021 es parte del equipo de GIA Consultores en su calidad de alumno pasante donde está encargado de proyectos de investigación en Transformación Digital y Consultor Asociado para toda  latinoamérica.
 

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