El año 2020 nos trajo, como ningún otro antes, el escenario más incierto en muchas décadas. Algunos han llegado a calificar esta pandemia como un "cisne negro" (expresión acuñada por el inversionista libanés Nassim N.Taleb para explicar el impacto "negativo" de los eventos altamente improbables).

La rápida migración y adopción de las tecnologías digitales, producto de la pandemia del Covid-19, continuará después de que la situación se supere. Recientes estudios revelan que la adopción digital temprana tanto de consumidores, ciudadanos y/o empresas que iba a tomar 5 años, se aceleró en los últimos meses.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de participar en MindTalk (conferencia sobre innovación público-privada organizada por el Gobierno Federal de Alagoas, un pequeño estado del nordeste de Brasil - muchas gracias Thiago Avila). En esa oportunidad hablé sobre el desafío que enfrenta latinoamérica (en específico) y el mundo (en general) en relación a la Revolución Industrial 4.0 y mi axioma era sencillo, el desafío no era la tecnología, sino que las personas. Aparentemente no todo el mundo comparte esa visión ...

¿Cómo evitar la sobrecarga de colaboración o conexión en las organizaciones públicas o privadas?. La sobrecarga colaborativa (o exceso de conectividad) resulta de demasiadas reuniones inútiles, un tsunami de correos electrónicos y una ráfaga de interrupciones constantes en el espacio de trabajo.

Estas 3 cosas no sólo causan demasiado estrés y pueden llevar al agotamiento extremo de las personas (o colaboradores como eufemísticamente suele llamárseles ahora), sino que también terminan costando mucho dinero en tiempo perdido y baja productividad. Esta infografía ofrece un gran resumen y desglosa el costo de estas pérdidas de tiempo medidas en dólares.

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