Decía Derek Bok, el que fuera presidente de la Universidad de Harvard, que “si la educación le parece cara, pruebe la ignorancia”.

América Latina ha experimentado notables incrementos en el acceso a la educación en diferentes niveles, desde infantil temprana a primaria e incluso secundaria. Sin embargo, la mayoría de los países de la región han retrocedido en sus resultados en comprensión de lectura, matemáticas o ciencias. Son varias las causas que se han esgrimido, pero la importancia de iniciar la educación de los pequeños desde antes del nivel primario ha sido puesta en evidencia por numerosos estudios.

Parece demostrado por numerosas investigaciones que es en la primera infancia cuando se desarrollan las bases para un desarrollo adecuado y la capacidad de aprendizaje a lo largo de toda la vida. La educación recibida en estos primeros años está asociada a mejores desempeños académicos en el largo plazo (y no solo en educación primaria como suele decirse). Desde un punto de vista económico, repercutiría en un mejor capital humano y por tanto en una mayor productividad. En consecuencia, tanto si la financiación proviene de los gobiernos, de la sociedad civil o del sector privado, es importante reconocer que se trata de una inversión, no de un gasto

En esta línea, frente al tratamiento de la educación en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se centraban en la educación primaria, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda 2030 se centran en los aprendizajes a lo largo de toda la vida, incluyendo la educación infantil temprana. 

 

 

 

 

Los países latinoamericanos han hecho esfuerzos en mejorar la educación infantil temprana, con un aumento de la tasa neta de matrícula del 56% al 66% en la última década, pero existe una enorme heterogeneidad entre los países de la región que expresa una gran diversidad en cuanto a la priorización de este nivel educativo, con países donde la tasa alcanza el 80% (México, Uruguay o Perú), y otros donde apenas llega al 40% (Bolivia, Paraguay o Honduras). Algo sorprendente en las investigaciones realizadas es que no parece haber una relación sistémica entre la matricula preescolar y la tasa de participación laboral femenina. Existen grandes inequidades en contra de los sectores más pobres, de zonas rurales y poblaciones indígenas.

Así, más allá del acceso, la prioridad debe estar en la equidad y la calidad de la educación infantil temprana impartida. Y es que, si el aumento progresivo del acceso es importante, aún lo es más el nivel de calidad de los servicios ofrecidos en la educación infantil temprana. Más allá de la relevancia que tiene que los más pequeños sean escolarizados con 3 o 4 años, lo realmente importante es que obtengan un bagaje suficiente para afrontar los posteriores niveles educativos con mayores chances de alcanzar las metas de aprendizaje.


Sin embargo, una mayor inversión en educación es condición necesaria para obtener mejores resultados, pero no es condición suficiente. Brasil, Chile y México son prueba de ello, y a pesar de que su inversión en educación supera a varios países de la OCDE, la calidad de su educación no ha mejorado de manera proporcional. Es necesario que la inversión se realice con eficiencia y en los niveles educativos que más lo requieren (Brasil, por ejemplo, destina cuatro veces más presupuesto a la educación universitaria que a la educación primaria).

UNESCO incluye en su revisión regional de 2015 claras recomendaciones para mejorar la calidad de la educación infantil temprana: la duración ha de ser de al menos dos años, es importante cumplir altos estándares en relación al espacio y los materiales educativos, los educadores están altamente cualificados, con actividades planificadas previamente y centradas en el lenguaje (sin olvidar las dimensiones afectivas y psicosociales). Así, ha de superarse el concepto clásico de “guarderías”, asegurando servicios de cuidado, desarrollo y educación de la infancia temprana.

Nota: ver también este interesante estudio de Unicef sobre Inversión en Primera Infancia en Latinoamérica (2015)

Sobre el Autor
Alberto Begue Aguado
Trabajo como consultor en educación basado en Washington, DC. Tengo 20 años de experiencia en cooperación para el desarrollo y acción humanitaria, once de ellos trabajando en educación, elaborando, gestionando y monitoreando programas de educación primaria y secundaria en América Latina y África Subsahariana (USAID, Unión Europea, Banco Mundial y otros donantes). Tengo amplia experiencia en planificación estratégica, monitoreo, en trabajo con organizaciones y gobiernos locales y en asesoramiento a gobiernos sobre planes nacionales de educación.

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