Según la teoría económica, cuando el capital disminuye, la capacidad productiva merma, se afecta el crecimiento, y el desarrollo y bienestar se desmoronan. Lo mismo pasa con el capital natural, la diferencia es que, en vez de no haber desarrollo, no hay vida.

El capital natural está constituido por todos los bienes naturales (suelo, ríos, bosques, fauna, glaciares, etc.) y los flujos de materia y energía que ocurren entre estos bienes. Podríamos decir que la capacidad productiva del capital natural se refleja en los beneficios que este entrega, tales como alimento, medicina, fibra, madera, combustibles, pureza del agua, fertilidad del suelo, polinización, etc.

Cuando el capital natural disminuye, todos estos beneficios, llamados también servicios ecosistémicos se degradan y se afecta fuertemente nuestro entorno y economía. Por ejemplo, el potencial exportador frutícola (USD 4’000 millones/año) depende de que las flores se polinicen y el potencial exportador forestal (USD 5’500 millones) depende de suelos fértiles.

La iniciativa Global Footprint Network estima que la población mundial demanda recursos renovables anuales que el planeta solo puede reabastecer en un año y medio, es decir, la capacidad de recuperación de los recursos está sobrepasada, el capital natural se degrada progresivamente y estamos viviendo al debe; Chile es uno de los pocos países latinoamericanos viviendo en deuda con un 20% de déficit anual. Hace una década se estimaba que más del 60% de los servicios ecosistémicos habían sido afectados debido a la pérdida de biodiversidad, al cambio climático, a la fragmentación del territorio, a la contaminación, etc., este porcentaje no ha disminuido desde entonces. 

 

 

Por otro lado, se estima que los beneficos que entregan los servicios ecosistémicos tienen un valor aproximado de 72 trillones de dólares anuales (Dead Planet, Living Planet, Biodiversity and Ecosystem Restoration for Sustainable Development, UNEP), según TEEB (The Economics of Ecosystems and Biodiversity). La valoración de la naturaleza pretende llamar la atención sobre su invisibilidad en las decisiones económicas cuando se formulan políticas internacionales, de la administración pública y de la empresa. TEEB considera esta invisibilidad como un impulsor clave del continuo agotamiento de los ecosistemas y de la biodiversidad.

Es importante recalcar que la valoración de la naturaleza no debe ser utilizada para fines mercantilistas, ya que nunca podrá incorporar su valor intrínseco y existencial. El ejercicio de valoración es referencial y solo sirve como señal política para visibilizar la naturaleza en los procesos de decisión, pero no debiera ser utilizada para calcular balances comerciales o rendimientos económicos.

No debemos olvidar que el capital natural es el primer capital, y que el capital económico depende completamente del primero. Para cuidar el capital natural, aparte de las herramientas tradicionales de protección ambiental como leyes, permisos, planes de manejo, etc., han surgido últimamente diversas iniciativas de inversión y gestión importantes de destacar.

Algunos ejemplos son el desarrollo de infraestructura verde (red de zonas naturales y seminaturales diseñada para facilitar el desarrollo de servicios ecosistémicos), la conservación privada de ecosistemas (en Chile impulsada por la nueva Ley N° 20.930, que establece el derecho real de conservación medioambiental, promulgada en junio de 2016), las compensaciones de biodiversidad (a través del futuro Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas) y la implementación de un protocolo de medición del capital natural (herramienta que se lanzó el 13 de julio de 2016).

Entre todos estos desarrollos, es relevante señalar la oportunidad que se presenta a la industria chilena para incorporar los fundamentos de este protocolo y así entender mejor la relación de sus operaciones con el capital natural, para finalmente poder conservarlo y mejorarlo.

El Protocolo del Capital Natural es una herramienta para evaluar y gestionar las interacciones directas e indirectas de las empresas con el capital natural. Entrega una guía de valoración cualitativa y cuantitativa de los impactos y dependencias sobre el capital natural, permite la utilización diferenciada a nivel corporativo, de proyecto, de sitio o de productos y puede ser aplicado por cualquier sector industrial. Este protocolo será de gran ayuda en el proceso de toma de decisiones de las empresas, otorgando una nueva mirada a la evaluación de riesgos e impactos, impulsando procesos de innovación en la cadena de valor, de ahorro de recursos y evolucionando la manera de reportar desempeño en sustentabilidad, entre otros.

Chile dispone del capital intelectual y económico para recuperar el capital natural, lo que más se requiere ahora es liderazgo y coraje empresarial para superar este desafío vital.

Sobre el Autor
Marco Bedoya
Marco, es experto en sustentabilidad con experiencia internacional en estrategias corporativas de sustentabilidad, sistemas de gestión ambiental, de seguridad y salud, gestión del cambio climático, biodiversidad y recursos hídricos, proyectos de mitigación de impacto, relacionamiento con la comunidad, monitoreo y mejora del desempeño en diversos sectores tales como materiales de construcción, minería, alimentos, agricultura, ONGs y cooperación internacional. Con sólido conocimiento técnico, habilidad comunicacional, experiencia multicultural y capacidad de ejecución para ubicar a organizaciones en posiciones de liderazgo en sustentabilidad.

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